viernes, 29 de abril de 2011

Allamanda cathartica

El viejo remordimiento desmedido se vuelve en mi contra plasmando tras los ventanales llenos de vaho por el cambio de temperatura entre fuera y dentro figuras con una silueta bien definida. Tarde tediosa con el cielo encapotado, en soledad, quietud y campeón del mundo de golpes de ratón. Unos pensamientos se pelean entre sí, estampándose contra las cuerdas del rin, de uno a otro lado, finalmente habrá un vencedor, ¡hagan sus apuestas!

Pero cuando llega el momento de representar, teclear unos y otros para hacer la porra, entre todos ellos, la criba da un claro vencedor, que seguramente nada tenga que ver con la realidad efervescente que junto con los dedos quieren nacer, desarrollarse y morir con un punto final. Lleno de comas el espacio, indicativo de que hay muchas razones para buscarse unos a otros. ¿Qué buscan? Quizá lo más sencillo sería buscar en Google, pero cuando sabes la respuesta a la búsqueda, pero no sabes lo que buscas, parece ser que carece de sentido soltar al sabueso.

Otro punto y aparte para de un plumazo segar la hierba que empezaba a crecer entre los matorrales. Troncos altos de alimañas vegetales que consumen los nutrientes de la tierra y quieren tapar la claridad del sol que intenta alimentar a los pequeños retoños de simiente fértil y comestible, para que el escalón más alto de la cadena alimenticia baje a ritmo acelerado como si de un ascensor se tratase, una máquina de engranajes calculados al milímetro, pero sin sentimientos, tan solo un microchip de inteligencia artificial, que mucho tiene de artificial pero poco de inteligencia. Quien lo iba a decir después tanto tiempo, que cuando tienes el sol, el agua y la tierra tan cerca no hay una azada, una regadera y un invernadero para hacer germinar la flor.

martes, 26 de abril de 2011

El último truco

Otro día, otra noche, noche lluviosa como la que más, enterrando entre el barro un cadáver de finas plantas, de perturbadora mirada entreabierta, un cuerpo desmembrado de empatía, que nunca dio lo que recibió. El agua calaba entre la ropa de invierno, y poco a poco se dejaba caer una lagrima entre los cabellos mojados de aquel joven que intentaba sepultar, entre la niebla, entre sollozos la amargura de ser él quien la había lapidado, descendiendo hasta el más puro sentimiento irracional, y al mismo tiempo instintivo, un acontecimiento primitivo que le negaba hasta límites insospechados, le obligaba a hacer algo que no quería, porque la quería, pero ya no había vuelto atrás.

Tembloroso, echando un vistazo atrás, ocultando las pruebas del delito, se marcho cabizbajo, pero con un aire de superioridad que haría que nada pudiera vencerle. Tarareando aquella melodía que tantas veces había escuchado junto a ella, una forma como cualquier otra de recordar los buenos momentos pasados, junto al calor de la chimenea invernal, de estallidos de madera rebozada en humo de olivo, de ascuas a punto de convertirse en una ceniza blanda, gris, poética… quien sabe si lo ocurrido le sirvió para plasmar sobre el papel los versos mas henchidos de amor posibles, los más tiernos, sentimentales y endulzados, capaces de mojar y ablandar hasta a la mojama, pero aun así, aquella misma caña no sirvió para pescar, sino para ser un anzuelo mas dentro del mar de su saliva.

Pero llegó a casa, y allí estaba ella, radiante de felicidad, esperándole con los brazos abiertos, con el sol penetrando en sus pupilas dilatadas como consecuencia de estar grabando en su memoria los silenciosos pasos del hombre al que amaba. Y en el cielo, ninguna nube que amenace con tormenta. Era verano y esas cosas, aquí, no pasan.

¡Haz tus cosas!

Si alguna vez pensaste que no sería así, te equivocaste, la percepción de la realidad siempre viene dada en pequeños toques de atención, dentelladas a la mente, al cerebro, a lo más recóndito del alma, donde si tienes sentimientos, siempre habrá alguien que te los quiera cercenar. La solución no está en mentar a su flamante progenitora, aunque eso te desahogue momentáneamente, sino en hacer frente a la debacle del día a día, estar en paz con uno mismo (algún día tenia que caer en la topicalidad, ¿no?) y saber que frente a la desavenencias del prójimo, siempre habrá algo que te haga resarcirte de las heridas y los estragos grabados en la piel de la frente, donde acaban cayendo todos los desastres que nuestros ojos no pueden adelantar, y por consiguiente, se van clavando poco a poco en nosotros.

La solución tampoco está en decir adiós a los problemas, esa es solo una manera de marchar con el rabo entre las piernas, sabiéndose perdedor pero sin ganas de luchar. Hacer frente de una manera educada, sin orgullo, pero con amor propio. La base está en quererse a uno mismo, saber hasta dónde puede aguantar las malezas de los demás, y a partir de ahí, empezar a separar lo que queremos, lo que no, y lo que vamos a querer simplemente por un interés propio y personal. Porque al fin y al cabo, si no eres un poco egoísta, los hachazos en la frente acaban llegando hasta las partes pudientes, y desde ahí, hasta el estomago, y acabas vomitando cosas que nunca quisiste tragar. No porque sea gratis tenemos que recogerlo… ¡maldita sangría!