El viejo remordimiento desmedido se vuelve en mi contra plasmando tras los ventanales llenos de vaho por el cambio de temperatura entre fuera y dentro figuras con una silueta bien definida. Tarde tediosa con el cielo encapotado, en soledad, quietud y campeón del mundo de golpes de ratón. Unos pensamientos se pelean entre sí, estampándose contra las cuerdas del rin, de uno a otro lado, finalmente habrá un vencedor, ¡hagan sus apuestas!
Pero cuando llega el momento de representar, teclear unos y otros para hacer la porra, entre todos ellos, la criba da un claro vencedor, que seguramente nada tenga que ver con la realidad efervescente que junto con los dedos quieren nacer, desarrollarse y morir con un punto final. Lleno de comas el espacio, indicativo de que hay muchas razones para buscarse unos a otros. ¿Qué buscan? Quizá lo más sencillo sería buscar en Google, pero cuando sabes la respuesta a la búsqueda, pero no sabes lo que buscas, parece ser que carece de sentido soltar al sabueso.
Otro punto y aparte para de un plumazo segar la hierba que empezaba a crecer entre los matorrales. Troncos altos de alimañas vegetales que consumen los nutrientes de la tierra y quieren tapar la claridad del sol que intenta alimentar a los pequeños retoños de simiente fértil y comestible, para que el escalón más alto de la cadena alimenticia baje a ritmo acelerado como si de un ascensor se tratase, una máquina de engranajes calculados al milímetro, pero sin sentimientos, tan solo un microchip de inteligencia artificial, que mucho tiene de artificial pero poco de inteligencia. Quien lo iba a decir después tanto tiempo, que cuando tienes el sol, el agua y la tierra tan cerca no hay una azada, una regadera y un invernadero para hacer germinar la flor.