lunes, 15 de agosto de 2011

Vicente mata a la gente...


Salgo del portal, miro al cielo, hoy amaneció nublado, pero no hace frio, se está bien. Me soplo en las manos para calentarlas un poco, y echo a andar. Son las 7 de la mañana. Voy cruzando calles, aceras, esquivando coches. El pueblo empieza a despertar, y a mí me queda un día muy largo por delante. Voy al cajero a sacar algo de pasta. En el suelo, un sintecho me saluda:

-Buenos días, molesto?
-No señor, como va a molestar?
- Perdone usted…

Meto la tarjeta, código… cuanto quiere sacar? Doscientos, pienso. Mejor, doscientos veinte. Retire su tarjeta. Me agacho, y le doy los veinte euros de pico al vagabundo. A mí de poco me van a servir ya, y a él, le solucionan un par de días. Salgo, parece que se va aclarando el día, y el estrés de la ciudad, se va apoderando de mi. Nunca comprendí la prisa que tiene toda la gente por vivir, hay tiempo para todo. Bueno, para mi objetivo, se le acaba el tiempo a cada paso que doy. O el, o yo, prefiero que sea él. Paso por casa de Joseba, le doy lo suyo, doscientos. El me da lo mío, 9 mm parabellum.

Está todo planeado, sale de casa a las nueve menos cuarto, baja al parking, allí le esperan los guardaespaldas, que ya han hecho su labor mirando de arriba abajo todo el coche. Me sabe mal por ellos, se juegan la vida por cuatro duros. Yo me la juego por un ideal, no nos diferenciamos tanto.
Bajo por la escalera de servicio, me escondo detrás de un pilar, desde donde veo toda la escena. El ascensor, y el coche. Sale con el maletín en una mano, y el teléfono móvil en la otra, no se percató de mi presencia. El txacurra más alto, le abre la puerta. El otro está de espaldas a mí. Salgo decidido, ahora o nunca. Primero cae el más bajito, dos en la nuca, no creo que se levante. Los dos siguientes van para el objetivo, con tan mala suerte, que el más alto ya había sacado su arma, y me dispara en mi hombro derecho, se me cae mi pistola. Me agacho como puedo a por ella, pero ya es demasiado tarde, me encañona en la sien, y me amenaza. 

A todo esto, el objetivo ya está encerrado en su coche blindado, no hay manera de poder cumplir. No se lo piensa dos veces, me dispara. Yo, hubiera hecho lo mismo. Tú eras el último txacurra, yo te odiaba, y tú también me odiabas.

(Escrito para mi fotolog el 02/02/2009)