Os quejáis de las casas abandonadas pero ¿cómo están los
corazones de los expulsados del Olimpo? Recuerdo noches intranquilas viajando
por espacios escondidos, que salpicaban de inconsciencia por todas partes,
repetían palabras malsonantes, grescas en ruinas perezosas y galletas de las
que no se comen. Era la época del salir a buscar el sol en plena media noche,
de quebrarse la garganta junto a un amigo, una cerveza y un cigarrillo. No era
la mejor época pero era la nuestra.
Y no es ese corazón el que late ya, las pedradas ya
cansan, las canciones ya no son las mismas, que aunque no cambien los gustos,
todo suena a lo mismo, todo es inconexo y ahí reside su cultura de venta, en la
mediocridad. Lo auténtico se ha perdido, los estereotipos se llevan a rajatabla
y si te sales de ellos eres un bicho raro. Ha de gustarte lo mismo que a todos,
de la misma manera. Quieren que seas diferente pero te venden lo mismo que a
los demás. Si, exacto, te lo venden, has de ser así, te obligo a ser así, pero
págame para ser así.
Ya no sólo hablo de modos de vida o apariencia, como
puede ser la forma de vestir, las modas de los coches o estar a la última en
tecnología (que también). Hablo de sentimientos, de gustos
tanto personales como físicos. Pongo el ejemplo que comenté no hace mucho con
una persona bastante especial para mí:
Si te gustan las personas con un físico que se sale de la
norma generalizada que te intentan vender ya eres un rarito, eres diferente o
inferior y te expones a comentarios de cualquier tipo. Todos dicen que hay
que mirar el interior y dejar en un segundo plano el exterior, que si no te pierdes muchas cosas pero a la hora de
actuar, todos se rigen por el mismo patrón aunque lo quieren ocultar, primero el físico y ya después pienso en el interior. Hipócritas. Yo sé lo que quiero, lo que me gusta y jamás lo he negado ni
ocultado a nadie y por eso me he ganado alguna ostia que otra, es el problema
de la sinceridad y la aplico a todas las facetas de mi vida por eso los que me conocen saben como soy a la perfección. Como decía el
Maestro Sabina, “por decir lo que pienso
sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron y más de un bofetón”. Que bonito es admirar además de mirar.
Jamás dejé de ser yo mismo, pero ahora voy a serlo más
aun.