Por hablar salen las palabras,
por hablar nos las tragamos. Enloquecer no es una opción porque tenemos la
suficiente capacidad como para saber diferenciar. A veces tenemos que encontrar
el fuego y sale la chispa, detener el tiempo o dejarlo correr, sin temer que
para que haya un final, debe de haber un principio que siempre es esperanzador.
Cuando unas gafas de sol no tapan
la brillantez de unos ojos que miran con pasión, que traspasa todo material
opaco hay que dejar que la luz se extienda por todos los rincones de la
estancia, que deje ver que detrás de una puerta hay todo un mundo por
descubrir, que nunca sale todo a pedir de boca, que las traiciones a veces,
sirven para que uno se dé cuenta de donde está, de lo que quiere en esta vida.
Momentos en los que un hecho te mata por dentro, te revuelve las entrañas y al
tiempo descubrir que todo eso fue por algo, y ese algo es bueno, insuperable.
Decisiones que te hacen crecer en
un segundo, lanzarse a la piscina aunque creas que no hay agua, aunque tengas
la certeza de que no la hay, pero sabes que se va a llenar tan pronto como
llegue el verano para refrescar una vida que andaba sudorosa de buscar ese
mismo agua que empapa todo por dentro y sale al exterior en forma de sonrisa y
bienestar.